
Ha sido el lema que han seguido durante toda su carrera y ahora lo gritan a los cuatro vientos en su disco más renovador. La Unión es –con permiso de Los Secretos y Danza Invisible– uno de los grupos más longevos del pop español sin discontinuidades en su trayectoria y sin concesiones al éxito fácil. La capacidad de reinvención de la banda les ha llevado por estilos como el tecno-pop en los ‘80, el soul, rock y funk en los ‘90 o el power pop en los ’00, renunciando a encasillarse en un sonido o a vivir de las rentas de sus éxitos, ya convertidos en clásicos. Ahora, casi treinta años después de su brillante e irrepetible debut con Lobo Hombre en París, el trío formado por Rafa, Mario y Luis vira una vez más hacia la investigación de nuevos sonidos con un álbum que pretende envejecer bien. Big-Bang es uno de los pocos discos del panorama actual que se pueden escuchar de principio a fin, que está pensado como un todo, que se entiende como una historia, con intervalos de serenidad y relajación, con momentos de exultante euforia, con interludios y reprises que nos van guiando a través del tracklist. El primer single, El mundo en tus manos, es un tema de pop edulcorado que engancha a la primera y que sirve como reclamo para aquellos que disfrutamos con Vuelve el amor en 2002, pero nos ha sorprendido gratamente descubrir que el álbum esconde mucho más: el comienzo y el fin están impregnados de violines de carácter épico que le dan un cierto toque de leyenda, pero en medio se encuentran guitarras rasgadas al más puro estilo U2, reggae acelerado a lo Police, funk con adornos electrónicos y ritmos desenfadados para desembocar en el rock más contundente. En definitiva, una lección de cómo crear patrimonio musical en unos tiempos en los que la música anda creativamente anquilosada.
[Artículo publicado en el número de Junio de Vícar al Día]