La llegada a nuestras vidas del formato digital MP3 supuso una revolución en el modo de escuchar música; ya no era necesario tener ningún soporte físico –ni compact disc, ni minidisc, ni casete– para disfrutar de una grabación sonora, sino que cada canción se convertía en un archivo dentro de nuestro ordenador que podíamos trasladar a cualquier otro aparato como el reproductor mp3, el teléfono móvil o incluso la radio del coche. Este gran salto tecnológico causó –y sigue causando– verdaderos quebraderos de cabeza para las compañías discográficas, que veían como el público empezaba a desinteresarse por algo que ellos llevaban décadas comercializando de manera rentable. Sin embargo, existe una minoría que ha seguido consumiendo música en formato físico, no ya por su contenido sonoro sino por la imagen artística que éste ofrece; y ahí es donde el CD se ha quedado sin adeptos, entre los que buscan la absoluta practicidad del MP3 y los que, puestos a ser anti funcionales, prefieren el romanticismo pictórico del disco de vinilo.Para los verdaderos músicos –los que conciben un álbum como una obra–, el formato LP de vinilo supone un lienzo más amplio sobre el que proyectar un universo gráfico que complemente a la creación musical. De este modo, los más románticos sentimos que estamos comprando un cuadro que colgar, un libro de 30x30 con textos e imágenes a todo color, un disco que nos obliga a repetir el nostálgico ritual de cogerlo por los extremos para no rayarlo, encajarlo en el tocadiscos y deslizar sobre él la aguja que nos devolverá un sonido analógico en el que los matices suenan mucho mejor que en digital.Somos una minoría, pero en los últimos años las ventas del LP –a pesar de que son bajas– están subiendo exponencialmente mientras que las del CD caen en picado; y eso que cada vez hay más obstáculos, por ejemplo, en estos días Panasonic ha hecho pública su decisión de dejar de fabricar giradiscos, entre ellos, el legendario Technics SL-1200 con el que muchos aprendimos a pinchar vinilos en el Taller de Radio Vícar y gracias al cual hoy somos amantes de este formato. A pesar de todo, seguiremos reivindicando “¡Larga vida al vinilo!”
[Artículo publicado en el número de Noviembre de Vícar al Día]
