
Sobra decir que, en lo musical, no tenemos especial apego a esta década que acaba de terminar en la que la industria ha sufrido –y sigue sufriendo– una enorme crisis comercial; pero lo más preocupante es la crisis paralela de creatividad y calidad que padece este sector y que, en definitiva, es el origen del problema.
El 2010 ha sido un año para olvidar en el que la tónica general de lanzamientos ha vuelto a ser la de discos de duetos, versiones, remasterizaciones, reediciones deluxe, grandes éxitos y, entre tanto, algún tema inédito –y demos gracias–. Pocas cosas nos han llamado la atención y, las que lo han hecho, han venido de la mano de grupos o solistas consolidados que no nos suelen defraudar; por ejemplo, La Unión ha editado en el 2010 uno de los mejores discos de su carrera –y tienen el listón alto–. En él han experimentado con nuevos sonidos, han evolucionado su vertiente de pop edulcorado, han creado sugerentes atmósferas gracias a una cuidadísima producción, pero sobretodo han elaborado un discurso coherente de principio a fin, y eso es algo que se echa de menos en los discos de hoy día.
En el panorama internacional, Brandon Flowers no nos ha decepcionado con su aventura en solitario al margen de los Killers y su disco Flamingo nos ha confirmado que será una figura de referencia en la música dentro de muy poco. Por su parte, la legendaria banda inglesa de tecno-pop Orchestral Manouvers in the Dark (OMD) ha vuelto este año a los sintetizadores para lanzar History of Modern, en el que no encontramos ningún tema del nivel de Enola gay o Joan of Arc, pero que en su conjunto sale muy bien parado con melodías sintéticas de gran calidad. También ha sido el año del nuevo disco de Jamiroquai, Rock dust like star, que no ha tenido la repercusión que merece, pero que reinventa el sonido setentero de forma colosal, muy recomendable. Y por último una banda sonora que nos parece la mejor del año, incluso de la década; la han creado los Dj’s franceses Daft Punk para la película de Disney Tron Legacy y han mezclado lo sinfónico y lo electrónico para dar lugar a un score a la altura de Vangelis en Blade Runner, futurista pero retro, frío pero conmovedor… Increíble.
[Artículo publicado en el número de Enero de Vícar al Día]
